En realidad, el descubrimiento del mangostan se remonta a miles de años atrás. Ya en el siglo VI se hablaba de este fruto, pues los nativos asiaticos lo usaban para mejorar algunas condiciones de salud, en especial situaciones de carácter inflamatorio o gastrointestinales como disentería, quemaduras, fatiga crónica, etcetera. Sin embargo solo hace escasos cincuenta años se reactiva la investigación y el interés sobre este extraordinario fitonutriente.
En el siglo XV el sacerdote francés Laurientiers Garcin descubre el mangostan en las islas Malucas e inicia las investigaciones de las sustancias biologicamente activas llamadas xantonas. Xantos viene del griego que quiere decir amarillo pues la fruta en su pericarpio contiene un liquido cristalino amarillento, aunque la cascara tambien presenta un color rojo purpura debido a la antocianina. En sus inicios esta fruta era usada como tintura de telas, pieles, etcetera, y paulatinamente los nativos observaron y empiricamente demostraron un efecto benefico en su salud, desde entonces la usaban en infusiones, tes, cataplasmas aplicados en la piel, etcetera, con efectos muy positivos, incluso a los esclavos de algunas islas les daban el te de mangostan para combatir la fatiga debido a sus jornadas extenuantes, le llamaban eau de creole.
Jugo de mangostan

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